La explotación sexual y la trata de mujeres y niñas son formas extremas de violencia de género, incompatibles con una sociedad democrática.

La falta de medidas políticas eficaces e integrales que aborden esta violencia, está permitiendo que este delictivo negocio, que se lucra con la explotación sexual de mujeres y niñas pobres y vulnerables, cada vez adquiera mayores dimensiones y sea impune ante los ojos de la sociedad.

Esta violencia y la impunidad de quienes la ejercen, se opone al principio de igualdad por el que tanto tiempo venimos luchando desde el feminismo.

La explotación sexual y la trata existen porque los gobiernos de todos los ámbitos territoriales son cómplices mudos del proxenetismo organizado, permitiendo en nuestro Estado que las redes mafiosas utilicen nuestro país como lugar de destino amparándose, a la vista de todos, en locales que en realidad son zulos donde mujeres y niñas son esclavizadas.

La explotación sexual y la trata existen porque existen prostituidores que consumen mujeres y niñas, sin importarle las circunstancias y su sufrimiento. Los prostituidores son los cómplices directos y necesarios de las mafias, los chulos y los dueños de los locales donde las mujeres y niñas son explotadas.

A estas alturas del siglo XXI no queremos medias tintas, no queremos actuaciones políticas tibias, ni leyes que no aborden en profundidad la desigualdad y la violencia contra las mujeres; necesitamos políticas públicas comprometidas con el abolicionismo.

#SinProstituciónNoHayTrata #SinPuterosNoHayTrata